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Los Pueblos Originarios nos muestran la otra Baja California

Donde el viaje comienza mucho antes de llegar

By César Esparza

Mujer kumiai con atole de bellota contemplando el atardecer en la sierra de Baja California con petrograbados y fogata

Caminar entre encinos, probar atole de bellota, escuchar historias alrededor de una fogata y aprender de quienes han habitado estas tierras durante generaciones abre una forma distinta de descubrir Ensenada: más cercana al territorio, a sus comunidades y a culturas que siguen vivas.

  • Nueve experiencias reúnen senderismo, gastronomía tradicional, artesanía, naturaleza y saberes ancestrales en comunidades de los Pueblos Originarios de Baja California.
  • Los proyectos son diseñados y gestionados por las propias comunidades y generan beneficios económicos directos para las familias anfitrionas.

EnsenadaValles365 parte de una idea sencilla: para conocer realmente un destino hay que mirar más allá de sus lugares más conocidos. Ensenada es ciudad, mar y sus valles, pero también son sus sierras, comunidades, caminos rurales, sabores y culturas que llevan generaciones formando parte de este territorio.

Y es precisamente ahí donde comienza otra forma de viajar. La integración de estas experiencias es producto de la visión impulsada desde la Secretaría de Turismo de Baja California, que actualmente encabeza Miguel Ángel Badiola, y que vale la pena conocer: una propuesta que abre la puerta a descubrir el territorio a través de sus propias comunidades.

Baja California es hogar de los pueblos kumiai, pa ipai, ku'ahl, cucapá, cochimí y kiliwa, pertenecientes a la familia etnolingüística yumana. Son comunidades que han habitado este territorio durante generaciones y que hoy abren espacios para compartir con los visitantes parte de su patrimonio biocultural y su forma de vida.

La primera edición del Catálogo de Experiencias de Turismo Comunitario de Baja California reúne propuestas donde naturaleza, cultura y gastronomía dejan de ser conceptos turísticos para convertirse en algo mucho más sencillo: caminar, conversar, cocinar, probar, escuchar y aprender.

Y algunas de esas experiencias están sorprendentemente cerca.

El Camino del Encino y la Bellota — San Antonio Necua

En San Antonio Necua, en el Valle de Guadalupe, El Camino del Encino y la Bellota propone cuatro horas para adentrarse en territorio kumiai. La experiencia parte del Centro Ecoturístico Siñaw Kuatay e incluye una caminata entre encinos y morteros de bellota, miradores hacia Sierra Blanca y una mesa donde aparecen sabores como el atole y el café de bellota. Hay además museo, flora nativa y artesanías. Su operación beneficia directamente a 40 familias y 80% de las participantes kumiai son mujeres.

Senderos ancestrales — San José de la Zorra

A unos caminos de distancia, San José de la Zorra ofrece otra manera de entender el Valle. Su red de senderos permite internarse entre encinos, chaparral y territorio ancestral. Una de las rutas asciende hasta una cima sagrada a más de 700 metros sobre el nivel del mar, desde donde la mirada alcanza el Valle de Guadalupe y el Pacífico.

Ahí está buena parte de la magia: descubrir que el paisaje que normalmente observamos desde una carretera guarda historias que no aparecen en los mapas turísticos tradicionales.

Viajar para encontrarse con quienes viven el territorio

En Santa Catarina, en las faldas de la Sierra de Juárez, la comunidad pa ipai propone caminatas, observación de aves, gastronomía y saberes ancestrales. Sus rutas atraviesan sitios como la Misión de Santa Catarina y conducen hacia miradores panorámicos; después, la mesa puede reunir carne asada, birria, flor de biznaga, berro con frijol y, cuando la temporada lo permite, piñón.

En la misma comunidad, Memoria y Naturaleza Ku'ahl lleva al visitante todavía más cerca de la vida cotidiana: aprender a modelar una olla de barro, tejer una canasta de pino, trabajar palma o elaborar joyería con semillas locales. La experiencia continúa en el rancho, entre senderos, animales y cocina tradicional.

Vive Kiliwa — Arroyo de León

Más al sur, al pie de la Sierra de San Pedro Mártir, aparece una propuesta para quienes buscan desconectarse de la rutina y recuperar el sentido del viaje.

Vive Kiliwa, en Arroyo de León, dura un día y medio e incluye una noche de campamento o cabaña. Hay petrograbados, caminatas entre yucas, mezquites, choyas y biznagas, gastronomía kiliwa, artesanías, juegos tradicionales y algo que difícilmente cabe en una fotografía: una fogata acompañada de relatos sobre la naturaleza y los ancestros.

El Camino del Piñón a la Mesa — La Huerta

En la comunidad kumiai de La Huerta, El Camino del Piñón a la Mesa convierte uno de los productos emblemáticos de la Sierra de Juárez en el hilo conductor del recorrido. El visitante cocina junto a sus anfitriones, sale hacia la sierra para conocer las zonas donde crecen los pinos piñoneros y regresa para compartir una mesa preparada con productos silvestres y de las huertas locales. El día termina como deberían terminar muchos buenos viajes: mirando el atardecer.

“Lo importante es entender que estos lugares no son parques temáticos ni escenarios montados para el visitante. Son comunidades vivas.”

Por eso el propio catálogo plantea otra manera de viajar: reservar previamente, contratar guías locales, pedir permiso antes de fotografiar personas o propiedades, evitar el regateo a las artesanas y respetar senderos, plantas y espacios comunitarios. La intención es que la visita deje una derrama económica en las familias anfitrionas y la menor huella posible en el territorio.

Ampliar el destino sin inventar nada

Quizá ahí esté también una de las grandes oportunidades turísticas de Ensenada: entender que ampliar el destino no significa inventar nuevos atractivos, sino conectar y hacer visibles experiencias extraordinarias que ya existen en su territorio.

Que quien llegó por el vino descubra una comunidad. Que quien vino por la gastronomía encuentre un sendero. Que quien conoce los valles quiera internarse en la sierra. Y que una escapada de un día pueda convertirse en dos, tres o más jornadas de descubrimiento.

Esa es también la visión de EnsenadaValles365: conectar ciudad, mar, valles, sierras, comunidades y rutas para mostrar que Ensenada no es una sola experiencia ni pertenece a una sola temporada.

Entre encinos, fogatas, bellotas, piñones, barro, petrograbados, historias y mesas compartidas existe otra Ensenada esperando ser descubierta.

“Una que no necesita inventarse para ser extraordinaria. Sólo necesita ser recorrida.”

EnsenadaValles365. 365 días. Un destino. Miles de experiencias.

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